“AVIONES DE PAPEL”

Hace mucho tiempo, cuando yo era pequeñito, iba al colegio como todo hijo de vecino. Cuando llegué a 6 de EGB pues ya iba solo al colegio. Normalmente, bajaba corriendo porque era cuesta abajo y me gustaba la sensación del viento de la mañana en la cara.

El colegio no estaba a mucha distancia, unos 100 - 150 metros, pero por aquel entonces me parecía mucho. Cuando estaba en 8º un día como otro, bajé corriendo la cuesta, giré a la derecha metiéndome en unos soportales, para bajar de un salto las escaleras de estos para retomar la acera de nuevo y tras mirar el semáforo del cruce que tenía a 30 metros y mirar que el muñeco parpadeaba, imprimí velocidad a mis piernas para poder cruzarlo.

Por los pelos y justo cuando se ponía en rojo el muñeco, pasé hasta la plaza donde había un kiosco de la ONCE escoltado por cuatro bancos de parque (dos a los lados y dos en frente). Crucé otra calle y llegué hasta la puerta del colé. Ya había entrado todo el mundo y subí deprisa a la clase. Entre cuando la puerta estaba ya cerrada y sin hacer mucho ruido me dirigí hacia mi asiento.


Al llegar a él, había alguien sentado a mi lado. Normalmente no se sentaba nadie, pues éramos impares y a mi me toco solo. Pero ese día se había sentado una niña en se pupitre.


Tenía el pelo moreno, negro como el tizón, y brillante, como si se reflejara la luz en él. Era largo y le llegaba por la espalda. Al volver la cara hacia mí, justo cuando eché la silla hacia atrás para sentarme, pude contemplar sus ojos dorados de un tono oscuro como la miel. Tenía la cara rechonchilla pero no muy gorda. Una nariz no muy larga y unos labios grandecitos. También tenía una cicatriz en la nariz, justo en el medio de la misma que le iba desde el tabique y subía hacia su ojo izquierdo.

Durante unos segundos que parecieron eternos, miré sus ojos sin poder apartarlos. Un cosquilleo me recorrió el cuerpo, desde los pies hasta la punta de los dedos. Era muy profunda esa mirada y me enamoró. Aunque era muy tímido, empezamos a hablar. Era muy lista y tenía comentarios para todo. Estuvimos un año juntos y hablábamos cada día. Aún tachándome mis compañeros de mariquita, me quedaba jugando y hablando con ella en el recreo.


A mi me gustaba mucho, pero era muy tímido para decírselo. De siempre lo había sido. Ella, también estaba enamorada de mí y en su forma de hablar y su forma de dirigirse a mí lo demostraba. Al ver que yo no tomaba la iniciativa, un día, al volver del recreo, tenía encima de la mesa un avión de papel. Cuando lo vi, creí que era una broma de mis compañeros, y una burla. Al mirarlo más detenidamente, ví que había una letras escritas; desplegué el avión y dentro ponía un "te quiero".


Yo no quería darme cuenta, pero sabía que tenía que ser de mi compañera. Pero aun me daba mucha vergüenza declararme, aun de la forma como lo había hecho ella. Cuando llegó vio el avión y me miro como esperando una respuesta. Su mirara estaba con un tono especial, pero aun estando tan preciosa como estaba y tuviera muchas ganas de decírselo, no pude. Y me quede callado esperando a que viniera la profesora. En la cara de mi compañera pude ver que había algo de decepción.


Para mi sorpresa al día siguiente había dos aviones con mensajes, y al día siguiente 3, y así sucesivamente. Hasta que un día toda la clase estaba llena de aviones de papel con un te quiero en cada uno. Cuando entré, ella estaba mirándome y de repente por las ventanas entro una racha de viento que hizo que uno a uno, todos los aviones emprendieran el vuelo. Tal era el viento, que hizo que los aviones giraran en círculos y empezaran a salir por las ventanas. Entre el torbellino de aviones, el pelo de mi compañera se agitaba movido por el viento, ondulando sus pequeños rizos... como si también quisieran emprender el vuelo. Los aviones salieron por la ventana y traspasaron el muro del patio del colegio. Todos esos aviones volaron por toda la ciudad. Cayendo en las manos de la gente que en la ciudad vivía. Y al abrirlos toda la gente lo leía: "te quiero". Sin pensarlo apenas, esbozaban una sonrisa sugerente y quedando ensimismados por aquel acontecimiento.


Uno de aquellos aviones no llego a salir y llego manso a mis manos. Con el pelo al viento y esos ojos penetrantes clavados en los míos, se acercó como una musa mitológica. Y susurrándome al oído me dijo que si no sabía de quien eran esos aviones. Yo no pude reprimirme más y le dije que sí, pero le pregunté por que me había regalado todos esos aviones. Ella, sin vacilar ni un instante y con una voz dulce que me llegó al corazón me dijo:


"te he regalado miles y miles de aviones de papel, porque tú eres mi cielo"




"para ti"